Agua salada

DEL ORGANISMO DE MI ABUELA

Hay veces que me quedo atontada por muchos minutos, delante del espejo, y me llego a excitar un poco por el cuerpo tan bonito que tengo, y eso que apenas tengo 16 años.

¿Se imaginan cómo voy a estar de buena cuando tenga los 18?

¡Uf! No voy a dudar un segundo en apostar que muchos chavos de la universidad se van a pelear por acercarse a mi, siquiera (jijiji).
Una vez más, no es que sea yo presumida.
Nada más soy sincera (jijiji). 

     Esa noche, sin embargo, no me quedé tanto tiempo viéndome, porque casi de inmediato la mente me mandó imágenes fantasiosas de Israel, acariciándome el cuerpo. También hizo que me imaginara que él estaba desnudo. Y aunque yo sé bien que no es ningún atleta, que no tiene músculos ni una figura envidiable, me lo imaginé bastante bueno, pero a lo que le presté más atención, sin embargo, fue al enorme pene que se cargaba el chamaco. ¡Ay, madre mía! ¡El sólo recordar el tamaño hace que sienta cosquillas en mi vagina, y que se ponga a “llorar”! (jijiji).
Aunque no de tristeza, claro (jijiji).     

Nunca le vi el pene en la vida real, así que no pude constatar, jamás, si era tan largo como mi mente se lo imaginaba, ni tampoco si era igual de grueso que mis dos pulgares juntos. Mucho menos pude verificar si estaba totalmente afeitado, y menos aún si era así de brillante. Como fuera, se me vino un delicioso orgasmo mental que hizo que sintiera mucha debilidad en las piernas, y que éstas quedaran anestesiadas momentáneamente. Para cuando me di cuenta de que todavía eran parte de mí, las tenía todas mojadas (jijiji).

Juan Rogelio

4 de abril de 1994, Ciudad de México.

Firmo mis letras con el seudónimo de Juan Rogelio. En orden decreciente de frecuencia, he escrito novela, teatro, cuento y poesía; aunque, en cuanto gusto personal, todos esos géneros los pongo a la par.

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