Agua salada

Lo más íntimo

Lo más íntimo

Mayra Isabel Mendoza Zepeda

Eran las siete de la mañana en la universidad. Me encontraba en un predicamento, pues necesitaba células sanguíneas para mi experimento. Era pertinente que fueran células de un hombre y por lo tanto no podía tomarlas de mi sangre.

Entre maldiciendo por no tener amigos en los laboratorios contiguos y la hora tan temprana. Me acordé de ti y tus clases. Corrí a la entrada del campus esperando encontrarte a tiempo. Fui afortunada porque apareciste minutos después. En ese momento, el temor de no tener con qué trabajar fue mayor a mis nervios por hablarte. Te expuse mi problema y pedí con sutileza un par de tubos de tu sangre que aceptaste donarme casi al instante, confiado que, por mi carrera, tendría práctica tomándola mientras yo temía el no encontrar tu vena.

Traía los aditamentos en un estuche: alcohol, algodón, tubos, capucha y aguja vacuntainer. Te senté en una banca de piedra cercana. Ahora eras más pequeño que yo, que estaba de pie preparando el campo sobre la mesa y los algodones con alcohol. Quisiste hacer plática, pero yo no te escuchaba por distraerme pensado que me tacharías de mediocre si no lo hacía bien. 

Una vez preparando todo te pedí descubrir tu brazo izquierdo. Esperaba no notaras mis manos temblorosas ansiosas por tocar tu piel. Tu brazo. Ancho, largo, velludo, caliente y con varias venas anchas, visibles a pesar de la poca luz de la mañana. Palpé una vena un poco para aparentar, después me quité el suéter, aprovechando que tenía calor, para acomodar tu brazo sobre él. Te limpié con un algodón alcoholizado, coloque la ligadura, destape la aguja de vacuntainer ya colocada en su capucha. Comencé a sudar al tomar conciencia de lo que te haría. Con mi mano izquierda sostuve firme tu brazo por debajo del codo para que no se moviera tu preciosa vena. Tan cálido. Con un ligero temblor introduje la aguja. Se sintió bien. Con destreza introduje el primer tubo dentro de la capucha vacuntainer. Sentí aquel alivio inconfundible de cuando la sangre rojo oscuro aparece en el tubo. Saqué el tubo de la capucha una vez que se llenó para homogeneizarlo y sentí su calidez. Lo dejé e introduje el otro que se llenó con igual rapidez. Retiré la ligadura antes de sacar el otro tubo que invertí igual que el anterior. Sólo necesitaba dos, ahora venia la parte complicada que últimamente no me había salido bien.

Group-73.png

Acerqué una bola de algodón con alcohol y lo puse sobre el lugar donde la aguja se introducía en tu piel. A pesar de mi intención de ser delicada fracasé en retirar la aguja sin lastimarte. Hiciste un leve gemido de dolor que me hizo tragar saliva. Fue un deleite

Cubrí la aguja mientras tenías el brazo doblado con el algodón para evitar que siguieras sangrando. Evité mirarte durante todo el proceso, pero lancé un suspiro y me atreví a verte. Sonreías. Me diste un cumplido a mi forma de tomar la muestra, sin embargo, recriminaste la forma de sacar la aguja. Bajé la mirada sonrojada por recordar la expresión tan exquisita que realizaste. Te regalé un chocolate que había comprado precisamente para ti y recogí todo. Te pregunté si te sentías bien, aunque creyera ridículo que un hombre tan alto y grande como tú se desmayara por algo tan insignificante como una toma de sangre.

Group-73.png

Entonces me despedí, separar tus células llevaría tiempo, además el sentimiento de huida que siempre me daba a tu lado tomaba posesión de mí de nuevo. Caminando rápido hacia el laboratorio decidí que te mandaría un mensaje más tarde para saber si te sentías bien, sólo como pretexto para entablar conversación. Palpe los tubos con tu sangre que estaba en mi bolsillo, aún tibia. Tu sangre. Algo tan íntimo de ti en mis manos. Un escalofrío placentero recorrió mi espalda. Trabajé entusiasmada tu sangre, me relacioné con ella. Tuve extremo cuidado. Perderla me parecía un insulto hacia ti y estoy segura de que lo sería. Tal vez podría guardar un poco para llevarla con una amiga de otro laboratorio y con sus reactivos para grupo sanguíneo poder descubrir el tuyo. Sólo por curiosidad. Es que… me gustas tanto.

Group-73.png

Mayra Isabel Mendoza Zepeda

1993.; México

Soy egresada de la carrera Químico Farmacéutico Biológica. Actualmente realizo mi tesis de licenciatura sobre el metabolismo celular en células de cáncer de cérvix.  
Estudiar una carrera en el área de la salud me permitió darme cuenta de que se requiere tener pasión en todo lo que se hace y que aprender a expresar esa pasión es esencial para la divulgación de la ciencia, que nos ayuda a crecer como individuos y como sociedad.

Oleaje

Caracola Magazine más profundos que la mar.

Tal vez te gustaría..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *