Agua salada

Mi amor; wake me up when la peste termine

La mayoría de nosotros ha muerto. Las redes sociales decidieron mantener sus cuentas activas, publicando y mensajeando. Cuidando de nuestra escasa cordura.

El mundo se convirtió en una proyección en las pantallas. De cualquier forma no podíamos salir ni saber sí los otros de verdad estaban vivos. Se nos iba el tiempo en comprar por internet y contemplar como los hombres grises se llevan otro día.

“Claro, cuando todo pase nos vamos a ver”, fue quizá la línea más enviada por las cuentas de los usuarios muertos. Subiendo historias, publicando, comentando, todo con elegancia, respeto y buen ánimo. De repente, el crush de toda la vida te respondía los mensajes, te correspondía y hasta tenías una foto de buenos días durante el desayuno esperando en tus mensajes sin leer para mantenerte a la expectativa.

Hubiésemos querido sospechar cuando se correspondieron los “te amo”, cuando los planes de viajes, bodas, sexo desenfrenado y fiesta eterna fueron agendados para “cuando pase esto” de parte de alguien que ni siquiera te hubiera mirado dos veces antes de la peste.

Pero no quisimos. Era estimulante el repiqueteo de las notificaciones, era emocionante que el amor de tu vida no te dejara en visto, era muchísimo mejor abrir la foto en calzones que prestar atención al hecho de que nos quedamos sin vecinos. Brotes localizados, les decían, pero en realidad no es taaaan malo. Quizá pase en un año más. O dos. Qué más da.

Suspendidos en un eterno tonteo con personas que ya eran cenizas por lo cielos, que su último aliento lo dieron junto a un robot y robot los llevó y un robot los cremó. ¿Doctores, enfermeras? Cosa del pasado… aunque claro, sus cuentas seguían publicando sus fotos con las caras marcadas por las mascarillas, las cabezas totalmente afeitadas y las selfies mostraban las manos resecas de tanta lejía… ¡Anímo! ¡Ya falta poco! #QuédateEnCasa…

Alivio eterno. Complacencia cibernética. Íbamos a morir, pero lo haríamos con una sonrisa en la cara, con el animo moldeado artificialmente para no sentir miedo, inseguridad, ni estrés, incluso, cuando tu dispositivo percibía que tu cuerpo empezaba a morir, recibías mensajes de todos tus amigos, nudes de todos tus ligues, el mensaje que siempre quisiste que te mandara tu ex, tus fotos recibían cientos de me gusta… Inevitablemente, ibas al sillón a contestar con una sonrisa boba que permanecía hasta que el robot recolector llegaba por tus restos.

Luego, los agentes continuaban la conversación. Ellos no necesitaban que nada terminase.

Tona D. Quantum

Viajero psicotrópico y alquimista cuántico. Escribiendo desde la matriz en un espacio topológico no apto para seres tridimensionales.  

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