Agua salada

Dirty Dancing

Las luces neón se reflejaban en su piel azul, dando la ilusión de que emitía un brillo antinatural.

Los clientes gritaban para que se deshiciera de su tanga, exponiendo ante ellos aquel sexo depilado, plagado de mil lenguas de fuego que se retorcían en medio de la pista, reptando por el tubo como antes lo había hecho su dueña, desplegando su cuerpo lleno de aceite ante la mirada de todos, dispuestos a lamer hasta el último de sus fluidos.

Luchaba por no ser devorada por la lujuria de la multitud, dándoles a cada uno un furioso tentáculo para succionar mientras bailaba una canción tóxica.

Para Tankar, solo era otro viernes por la noche en Antrax, el último lupanar de la Luna.

Tal vez te gustaría..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *