Agua salada

Arizona. La travesía FG.

Chris Medina G.

Dos suaves manos color canela se aferraron la una a la otra, “G” y “F”; se conocían desde hace tantos años que a veces parecían una sólida unidad. Ambas estaban unidas a dos cuerpos completos distintos pero ellas eran independientes, vivían sus propias vidas en sus propios mundos. Eran amantes inseparables, sólo funcionaban si estaban cerca, si podían probarse lentamente, no existía nada comparado. Hoy era uno de esos días, F abrazaba a G con tanta pasión que resultaría difícil diferenciar el momento con alguna inmensa fiebre en pareja. Se deslizaban entre ellas por el resto, alejándose pero manteniéndose unidas, encontrándose de vez en cuando, sólo dejándose llevar. 

Hoy era uno de esos días, F abrazaba a G con tanta pasión que resultaría difícil diferenciar el momento con alguna inmensa fiebre en pareja. Se deslizaban entre ellas por el resto, alejándose pero manteniéndose unidas, encontrándose de vez en cuando, sólo dejándose llevar.

G retiró una prenda de color negro con la delicadeza necesaria; advirtió a F, pues volvería en seguida, no tenía que temer, así que se deslizó sobre las colinas de carne para invocar a aquél ente fugaz que se dirigiría hacia los oídos. Ese ente era el que empujaba a G a seguir, no sólo le inyectaba inspiración, prácticamente contenía todas sus convicciones, existía en sus sueños más profundos. Había una confianza acerca de la responsabilidad de la otra parte en ambos casos. Era verdadera entrega, sincera y dulce. 

Su compañera no perdía el tiempo, intentaba realizar lo mismo si no es que algo mucho mejor, pasaba por puentes que llegaban hacia dos lados encontrándose con un par de agradables hilos gruesos. A veces con más fuerza de la que G podía soportar debido a la unión cuasi simbiótica. Pero no importaba, era el momento y la divina compañía, la necesaria, la justa.

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Era G amando a F, no sólo en papel o en letras, en la acción de estar unidas y de aprenderse, en segundos que quedarían tatuados en sus memorias, de entregarle la vida misma a alguien más.

Maldecían al tiempo, pues nunca era suficiente para fundirse en la infinita eternidad. Bendecían el permiso, pues era el motor vital que las había convocado.

G subió hasta aquella cueva con blancas concreciones calcáreas para sumergirse y recorrer suavemente aquella obscuridad. El ente era expuesto nuevamente, tan emocionante que la rigidez permeaba aquellas formas.

La luz se marchaba y no había cabida para un descanso forzoso. Era momento de la epopeya. Tanto G como F recorrieron de manera enredosa aquellas praderas opuestas hasta encontrarse satisfactoriamente. Palpitaron de manera continua, entrelazadas, como flores en épocas cambiantes. Las gotas atestiguaron el acto de la belleza pura. El ente iba y venía, parecía estar montado sobre una mosca de color rosa que no detenía su circular camino. Asemejaba el rodeo más agradable de la existencia.

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La segunda parte de esta estructura ocurría de manera torpe pero real, y no hay nada más concreto que lo real; no hay nada más que lo real, de hecho.

F y G comenzaron a desatar cierta fuerza progresiva que no había ocurrido nunca. Se abrazaron con una intensidad que ni ellas mismas entendían, había algo invisible que las manejaba y las hacía apretar sin daño alguno. Fueron segundos sublimes, sin símil alguno en la historia. Era Arizona.

Ambas se empezaron a soltar de a poco, mirándose sin ojos, oliéndose sin narices, escuchándose sin oídos, sintiendo el viento que las separaba. F se marchaba de G, ambas llorarían si pudieran. No entendían qué estaba pasando, pero el futuro se distorsionó. ¿Cómo el mañana ahora parecía el infierno si hace unos segundos podían tocar el mismo paraíso mientras sus pieles eran un solo platillo?

Cruel, pero inminente, F se separó de G por el resto de sus días. No porque quisieran, más bien porque los planes estaban escritos de esa única manera.  Es inútil resistirse. Que se quemen las uvas, que vuelen las limas y que vivan los recuerdos.

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Chris Medina G.

Es un estudiante mexicano de la carrera de ciencia política en la UNAM.  Actualmente reside en la CDMX. Es director de Iguales Revista y community manager/colaborador de Sonámbulo Publishing.

Ha publicado con Revista Afluente, Librerio Editores, Teresa Magazine, Enpoli, Chupacabras Fanzine, Revista Literaria Ibídem, Editorial Elementum, LibertariA Fanzine, ECHOES Difusión, Revista Aquiescencia, Revista Literaria Perro Negro de la Calle, Revista delatripa, Áspera Fanzine, Cannibalismo Mortuorio Zine, Revista Aria, Editorial Alebrijez, Revista Tachas, y en el Fanzine Libre Virtual del Museo Virtual de Ilustración Contemporánea de la Ciudad de México. 

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