Agua dulce

Al calor de la noche

Al calor de la noche

Deyanira, la reina del burdel

Así como así, me había corrido dentro de aquella chica, a la que le había jurado que sería lento, que tendría paciencia con ella por ser su primera vez.

Era una sensación tan rica, tan peligrosa, especialmente porque no pensaba hacerme responsable.

Cuando la vi por primera vez, estaba seguro que no era más que una zorrita, de esas que fingen ser tímidas y terminan revolviendo las sábanas.

Cuando me dijo que era virgen, la verga se me puso dura al pensar en todas las cosas que iba a hacerle aquella noche después de la cena. ¡No podía esperar coger con ella!

Le prometí tantas cosas para meterla a mi cama, sin embargo, no cumplí nada de aquello cuando comencé a moverme furiosamente encima de ella.

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Estaba seguro de que no ocurriría nada por lo que había hecho, las otras nunca me dieron problemas.

Era su deber satisfacerme, ella fue la que aceptó salir conmigo sin apenas conocerme. Eso se ganó por querer ligar en aquel bar.

Además, ¿qué podría hacerme una flaquita rascuacha como ella? Yo era mucho más fuerte.

O al menos eso pensé antes de caer muerto, con una gran cantidad de espuma saliendo por mi boca, mientras mis intestinos salían deshechos.

En la mesa junto a mi cama había una botella de arsénico y una nota con una sola frase: Púdrete.

“¿Cuándo carajos…?”-pensé antes de soltar un nuevo coágulo de sangre.

Ya era demasiado tarde para exigir clemencia.

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Antes de que los sepas.

Sumérgete en la narrativa experimental y déjate llevar por las olas sonoras a cargo de la reina del burdel. 

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Oleaje

Caracola Magazine más profundos que la mar.

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